Sofía podría prohibir los ejercicios de su hermano menor, pero no lo hace. Esa prohibición solo uniría en torno a Pedro a todos los descontentos con la regencia. En vez de eso, somete los ejercicios a su supervisión. La pólvora, el paño y la paga se distribuyen por medio de hombres que le son leales. Cada tambor, cada mosquete y cada nuevo instructor dependen de su firma.
Pedro acepta esas condiciones. En su primera vida también empezó con los regimientos de juegos militares, pero entonces solo contaba a sus hombres cuando estaban en formación. Ahora decide comprobar no el aspecto del destacamento durante los desfiles, sino quién sirve en él y por qué.
Luka lleva dos listas a los ejercicios. En la completa figuran los apellidos, las deudas, las enfermedades, quién sabe leer y los motivos de cada ausencia. En la preparada para presentar solo figuran los hombres aptos y las pagas al corriente. Con esa lista, la formación siempre ofrece mejor aspecto. La completa muestra qué familia pasa hambre, qué padre desapareció tras la revuelta de mayo y quién ha acudido solo porque en casa no tiene qué comer.
Al principio, Pedro odia la lista completa por cada retraso que provoca; después empieza a pedir precisamente esa.
Fedot Lapin ayuda a Luka a cotejar los apellidos de los streltsí. No entra en el círculo de Pedro ni se convierte en un servidor agradecido. Sencillamente, al lado del zar menor al menos leen su papel en voz alta. Por ahora, eso basta.
Los ejercicios continúan año tras año. Pedro acarrea troncos, dispara, construye fortificaciones de tierra y exige que los demás trabajen a su lado. Es quien antes detecta cualquier error y quien peor soporta que se tarde en corregirlo. Poco a poco, los hombres dejan de tomar decisiones por sí mismos y, ante cualquier contratiempo, esperan a Pedro. Él reconoce esa docilidad: en su primera vida le costó hombres y tiempo en más de una ocasión.
Para acabar con esa costumbre, Pedro empieza a cambiar a los hombres de puesto. El mejor tirador pasa a ser cargador. El hijo de un boyardo arrastra un cesto de tierra junto al hijo de un streltsí. Quien ayer mandaba hoy obedece las órdenes de alguien de rango inferior. El descontento estalla cada vez que una reasignación durante los ejercicios afecta al rango real. Pero es entonces cuando se ve quién sabe trabajar por el bien común y quién solo protege su puesto. En la guerra, una bala de cañón no pregunta por el linaje del hombre que olvidó acercar la pólvora.
Un día, Fedot se niega a formar hasta que en la lista lo llaman hijo de un hombre de servicio en vez de mozo de patio. Iván Naryshkin ordena que sustituyan al testarudo, pero Pedro obliga a Luka a leer las dos anotaciones. En la lista conveniente, Fedot es un ayudante sin linaje; en la completa figuran el nombre de su padre y la paga pendiente. Después de la lectura, Fedot ocupa su puesto, pero no da las gracias a nadie.
La Confianza aumenta un punto. Pero no es la cifra lo que Pedro recuerda. Fedot entra en la fila por voluntad propia y un veterano de servicio se aparta para dejarle el lugar que le corresponde.
Un día, Pedro conduce al destacamento hasta un paso estrecho entre terraplenes, da la señal de iniciar el cambio de formación y desaparece adrede detrás de uno de ellos. Sin su voz, la primera fila se detiene. La segunda choca contra ella. Los mandos buscan al zar en vez de mirar a sus hombres.
Pedro no sale.
Entonces el cabo más joven, el mismo que tiempo atrás repitió la señal del tambor, suelta un taco, abre la última fila y conduce al destacamento por el paso de dos en dos. Altera la secuencia ideada por Pedro, pero conserva el orden.
Cuando Pedro regresa, los superiores esperan un castigo. Iván Naryshkin ya está explicando que actuar por cuenta propia en presencia del soberano es más peligroso que cometer un error durante los ejercicios.
Pedro obliga al cabo a repetir su decisión delante de todos. Después ordena a los demás que atraviesen el paso sin él.
El Libro aumenta el Poder. El destacamento ha salido adelante sin el zar e incluso ha modificado su desacertado procedimiento.
Los tíos a los que Pedro salvó también observan los ejercicios. Iván Naryshkin ya ve en los regimientos de juegos militares la futura guardia de la familia y elabora su propia lista de partidarios. Promete a los padres un puesto en la corte; a los hijos, protección frente a sus antiguos jefes; a todos, seguridad al amparo del apellido Naryshkin. Afanasí, en cambio, se fija en quienes no huyeron de la escalinata del Kremlin el día de la revuelta. Iván quiere convertir el destacamento de Pedro en una fuerza de su linaje. Afanasí recuerda cuántos hombres han muerto ya en nombre de la salvación de ese linaje.
Sofía elabora una tercera lista. Sus hombres anotan quién recibe la paga de Pedro, quién aprende de los extranjeros y quién habla con Fedot. Luka propone no esperar a que Sofía ordene un registro y enseñar él mismo a la regente la relación completa. Afanasí está de acuerdo: un círculo oculto parece una conspiración aunque sus miembros solo estén aprendiendo a tocar el tambor. Iván exige que entreguen la copia conveniente y oculten las deudas, las enfermedades y las disputas por la paga. En los márgenes de su propia lista ya figuran cantidades, vínculos familiares y promesas que Pedro no ha hecho.
Los dos libros permanecen largo rato ante Pedro.
En su primera vida vencía gracias a la velocidad y al secreto. Si entrega la relación completa, Sofía conocerá los nombres de sus hombres, las fuentes del dinero y todos los puntos débiles del destacamento. Si entrega la conveniente, ella se enterará de los ejercicios de todos modos, y los hombres de Pedro comprenderán que sus deudas y sus nombres pueden borrarse para presentar un informe impecable.
Pedro entrega a Sofía el libro completo.
La regente lo lee con atención. Repara de inmediato en Fedot. La línea en blanco de su padre vincula la revuelta de mayo con quienes ahora se adiestran junto a Pedro. Sofía podría acusar a su hermano de comprar a los streltsí. En vez de eso, ordena pagar parte de la deuda demostrada por medio de una cancillería común, para que el agradecimiento no recaiga solo en uno de los zares.
Pedro pierde la posibilidad de atribuirse la solución. Pero las familias reciben pan.
Así comienza un enfrentamiento que se prolongará durante siete años. Sofía no suspende los ejercicios mientras resulten útiles, pero canaliza todos los suministros y pagos por medio de sus cancillerías. Pedro enseña a los mandos jóvenes a tomar decisiones sin él y libra poco a poco al destacamento de la dependencia de un único proveedor. Cada éxito lo hace más fuerte. Cada inspección le recuerda que la regente aún conoce a sus hombres de arriba abajo. No se reconcilian ni inician una guerra abierta. Ambos esperan un error del otro.
En mil seiscientos ochenta y nueve, Pedro ya es demasiado alto, fuerte y visible para que sus ejercicios puedan llamarse un juego infantil. Una noche de agosto llega un rumor: los streltsí marchan hacia Preobrazhénskoie; capturarán a los hombres del zar menor antes del amanecer.
Pedro recuerda aquella noche. En su primera vida montó a caballo de un salto y huyó al monasterio de la Trinidad y San Sergio, dejando que su madre y su joven esposa lo siguieran más tarde. Ocultaba aquella vergüenza incluso de sí mismo.
Esta vez exige que reúnan todos los informes. Solo un mensajero aterrorizado ha informado de que se acercan los streltsí. Nadie ha visto al destacamento entero, nadie puede nombrar a su jefe, pero a su alrededor ya empuñan las armas y exigen atacar primero. El Libro no identifica al conspirador. En la página solo figura: «Causa conocida. Curso de los acontecimientos próximo al anterior».
Pedro parte hacia el monasterio de la Trinidad de todos modos: si el rumor es cierto, podrían capturarlo en Preobrazhénskoie antes del amanecer. Pero esta vez no abandona a los demás sin órdenes. Manda a Afanasí que saque a la familia con antelación y que no detenga a nadie basándose en un mero rumor. Deja el destacamento al mando de un oficial joven que ya ha aprendido a actuar sin el zar.
Ante las puertas del monasterio se reúnen boyardos, oficiales y clérigos. Todos quieren jurar lealtad al vencedor, pero nadie sabe aún quién vencerá. Iván Naryshkin propone exigir fidelidad exclusiva a Pedro y declarar traidores a los partidarios de Sofía.
Afanasí se opone: ese juramento pondrá fin a la regencia con el mismo miedo con el que empezó.
La disputa no puede resolverse sin el hombre al que ambos bandos están acostumbrados a considerar débil. Hace falta la firma del hermano mayor, el zar Iván V.
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