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¡MÍMAME AL CIEN POR CIEN!

Capítulo 6. King Kong contra XP Manager

Xiao Mo esperaba que le dieran una habitación en la villa y unos días de respiro. Xinghe lo condujo al sótano, donde había ordenadores, servidores y cajas de equipos.

«En cinco días escribiremos un nuevo programa de protección», dijo. «Lo llamaremos XP Manager, ganaremos el concurso y privaremos a Cui Ming de su principal fuente de ingresos».

Xiao Mo recorrió con la mirada los tres puestos de trabajo.

«¿En cinco días?»

«Si no haces más preguntas».

King Kong Internet Security había tardado años en desarrollarse. Ahora el programa contaba con el respaldo de una empresa conocida, dinero y contactos. Xinghe tenía a tres personas, un sótano y la capacidad de formular planes imposibles como si estuviera hablando de comprar el pan.

Xiao Mo dejó de discutir aquella primera noche. Xinghe escribía código a tal velocidad que él tenía que releer los bloques terminados para llegar a entender el planteamiento. Xia Zhi observaba su expresión y se reía: otra persona acababa de descubrir que, en presencia de su hermana, la palabra «imposible» solo significaba «hará falta café».

La mañana del concurso, la policía fue a buscar a Xinghe. Cui Ming la había acusado de difamación y de dañar su reputación empresarial. El cálculo era preciso: sin Xinghe, el nuevo programa fracasaría, y cualquier resistencia daría un pretexto para detenerla por la fuerza.

Ella fue tranquilamente a comisaría.

«Dejad el programa listo para las pruebas», ordenó a Xiao Mo y a su hermano.

«¿Y tú?»

«Intentaré no perderme la entrega de premios».

A la entrada de la sala del concurso, Cui Ming interceptó a Xiao Mo y le quitó el disco que contenía la única copia del programa. Tiempo atrás le había robado King Kong Internet Security, había enviado a prisión a su verdadero creador y había destrozado la vida de su hermana. Ahora le exigió que se arrodillara y se inclinara tres veces ante él.

Xiao Mo obedeció. A veces hay que guardarse la dignidad en el bolsillo durante un tiempo para poder presentar la factura más adelante.

Recuperó el disco.

Mientras tanto, Xia Zhi llamó a Mubai. A Xinghe no le gustaba pedir ayuda a su exmarido, pero quedarse en comisaría por una cuestión de principios habría sido un regalo demasiado generoso para Cui Ming. Mubai intervino y ella entró en la sala justo cuando su rival terminaba de convencerse de que la victoria era suya.

En la prueba decisiva, el jurado lanzó cien ataques de software malicioso. King Kong Internet Security empezó a dejar pasar amenazas. XP Manager las resistió todas.

Entonces Xinghe se levantó y se presentó.

«En el foro privado me conocen como 001».

Un murmullo recorrió la sala. Mubai no apartaba los ojos de ella. Cui Ming primero palideció, luego exigió una disculpa y, por último, propuso una apuesta: el perdedor se inclinaría tres veces ante el vencedor.

Por lo visto, ver a otro inclinarse ante él aquella mañana le había parecido un recurso artístico muy logrado.

«Acepto», respondió Xinghe.

Tras el recuento definitivo, XP Manager obtuvo el primer puesto y un contrato con la corporación Xi. Cui Ming tuvo que reconocer su derrota tres veces ante la sala abarrotada. Gritaba a voz en cuello, pero eso no hacía menos exacta la palabra «perdí».

Xiao Mo presentó el código fuente y contó cómo Cui Ming se había apropiado de su creación. Al día siguiente firmó un contrato con la corporación Xi, esta vez con su propio nombre. Las acciones de King Kong Internet Security se desplomaron. El mercado reaccionó deprisa, aunque no tanto como lo habría hecho sin la ayuda de Mubai. El exmarido de Xinghe no se limitó a ofrecer comprensión y consejos empresariales: fue rematando metódicamente la empresa del enemigo de ella.

Xinghe se dio cuenta. No le dio las gracias. Mubai parecía empezar a comprender que, con ella, había que aceptar la gratitud en una forma rara y discreta: que no pusiera reparos a tu presencia.

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