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¡MÍMAME AL CIEN POR CIEN!

Capítulo 11. El invento robado

No había tiempo para celebrar la expulsión de Ruobing. Xinghe recuperó antiguos diseños, repartió las tareas y exigió a los ingenieros que decidieran primero qué debía ser capaz de hacer la nueva mano. La pregunta parecía obvia y, precisamente por eso, llevaba años sin una buena respuesta.

Yi Chen, un hacker conocido como Yi-Ti, se puso en contacto con ella. Le habló del Proyecto Galaxy: su padre, la madre de Xinghe y varias personas más de la misma generación habían desaparecido en circunstancias similares. Yi Chen no ofrecía respuestas, solo un intercambio de información.

«Primero comprobaré su información», dijo Xinghe.

«¿No confía en nadie?»

«Sí. Después de comprobar lo que dice.»

Yi Chen tenía vínculos con Ruobing y, presionado por ella, le entregó un diseño preliminar de Xinghe. Por fuera, el esquema parecía completo, pero el centro neuronal aún no estaba preparado para soportar la carga de un sistema nervioso vivo. Xinghe se enteró del robo y guardó silencio. Desenmascarar a Yi Chen suponía perder la pista que conducía al Proyecto Galaxy. Y la propia Ruobing tenía prisa por demostrar lo poco que entendía aquello que había robado.

Mostró el diseño a la señora Xi y anunció que el trabajo estaba terminado. A Xinghe la apartaron del laboratorio. Tianxin estuvo presente durante la conversación y contempló su humillación con la expresión de quien por fin ha recibido un buen regalo.

Cuando Mubai regresó de su viaje, restituyó a Xinghe en su puesto y advirtió a su familia de que no volvería a permitir que la expulsaran por un capricho de Tianxin o Ruobing. No podía demostrar la autoría con una simple orden. Por suerte, Xinghe no necesitaba ninguna.

«Los esquemas de Ruobing y los nuestros se parecen», observó Luo Jun.

«Ella tiene mi esquema antiguo. Nosotros tenemos el corregido.»

«¿Cuál es la diferencia?»

Xinghe señaló el centro neuronal reforzado.

«Su prótesis resistirá las pruebas en el banco. Puede que no aguante al conectarla a una persona.»

Ruobing terminó primero. Las pruebas en el banco fueron satisfactorias e insistió en operar de inmediato. Xinghe acudió al hospital con su propia prótesis y advirtió abiertamente del peligro, pero la señora Xi confiaba más en su nieta adoptiva que en la exmujer de Mubai.

Al principio, la operación pareció un éxito. Después se oyó un grito en la habitación. El centro neuronal se recalentó, la carcasa reventó y causó lesiones a la paciente.

Ruobing no dejaba de repetir que el dispositivo había superado todas las pruebas. Xinghe identificó el componente defectuoso y explicó por qué el banco de pruebas no había detectado el fallo. En su versión, el centro estaba reforzado y la carga se distribuía de otro modo. Lu Qi y los ingenieros comprobaron los cálculos. Ruobing no pudo refutarlos ni proponer una solución.

La autoría no quedó demostrada por la fecha de un archivo, sino por algo mucho más sencillo: el creador entendía cómo funcionaba el dispositivo. El ladrón solo sabía dónde estaba guardado el diseño.

El patriarca Xi privó a Ruobing del derecho a considerarse miembro de la familia. La señora Xi se negó a verla. Aquella misma mañana Ruobing recibía felicitaciones; al caer la tarde había perdido el laboratorio, el puesto y la confianza por la que había arriesgado una vida ajena.

La prótesis corregida fue enviada a una nueva ronda de pruebas. La familia reconoció a Xinghe como autora y confirmó su promesa: cuando concluyera el proyecto, podría recuperar a Lin.

Solo quedaba una dificultad. Para criar a su hijo, Xinghe tenía que sobrevivir a su propia operación. Dentro de tres días pensaba marcharse para someterse a un tratamiento que solo conocían sus allegados.

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