Antes de iniciar la nueva investigación, la familia Xi organizó una cena. La señora Xi pidió perdón a Xinghe delante de todos. Munan observó que, sin ella, Mubai envejecería solo, si antes no se moría de aburrimiento. El patriarca regaló a Xinghe una casa en una urbanización privada de las colinas. No le permitieron rechazarla: los obsequios no eran un pago por su ayuda, sino el reconocimiento de que pertenecía a la familia.
Al día siguiente, el propio Saohuang exigió reunirse con Xinghe. Comprendía que la familia Lin no iba a salvarlo y le propuso un trato: información sobre el cristal energético y una grabación de una conversación con Lin Yun a cambio de que solicitara una reducción de la pena. Xinghe no le prometió la libertad ni lo perdonó. Solo accedió a ayudarlo si confesaba por completo y entregaba las pruebas.
En la grabación, Lin Yun hablaba con Saohuang sobre el asesinato de Munan. Xinghe y Mubai consiguieron interceptarla cuando se dirigía al aeropuerto. Lin Xuan fingió que no se opondría a la detención, devolvió a su hermana un bolso que había olvidado y permitió que se la llevaran en el coche de la familia Xi. Había una bomba en el bolso. La explosión mató a Lin Yun e hirió de gravedad a Mubai, que en el último instante protegió a Xinghe con su cuerpo. Así, Lin Xuan se libró de una pariente capaz de vincular a toda la familia con el delito.
Xinghe solo sufrió algunas quemaduras. Mubai estaba al borde de la muerte. En el laboratorio de Lu Qi, lo introdujeron en una cápsula transparente y lo conectaron a un aparato que ayudaba al corazón a bombear la sangre.
A solas con él, Xinghe se permitió llorar por primera vez. Después se secó la cara y exigió todos los datos médicos. Mientras el corazón siguiera latiendo, el dolor podía esperar.
Al principio, Xinghe buscó al padre de Xia Meng con la esperanza de conocer, a través del Proyecto Galaxy, alguna tecnología capaz de ayudar a Mubai. La pista no condujo a ninguna parte. Un mes después, el corazón de Mubai volvió a detenerse y Lu Qi propuso otra solución: crear un dispositivo mecánico que asumiera parte del trabajo del corazón. El médico determinó qué funciones debía cumplir y Xinghe tendría que conseguir que fuera ligero y funcionara.
Sam, Ali, Wolf y Cairn acudieron para apoyar a Xinghe. Después de lo ocurrido en el país Y, la consideraban una amiga y no una aliada circunstancial. Mientras Xinghe trabajaba y se ocupaba de los asuntos de la familia Xi, ellos ayudaban a buscar información, la acompañaban y asumían las tareas que no requerían su intervención personal.
Mientras Mubai permanecía inconsciente, Bao Hua empezó a comprar acciones de la corporación Xi. Ofrecían el doble de su valor de mercado y asustaban a los empleados con la amenaza de la quiebra. El patriarca puso la dirección en manos de Xinghe. Ella aceptó de inmediato: mientras Mubai no pudiera proteger la obra de su vida, lo haría ella.
Tras estudiar los documentos, Xinghe descubrió que la participación mayoritaria de Bao Hua pertenecía a Lin Jing. Por tanto, no compraban las acciones de la corporación Xi para ampliar el negocio sin más: la familia Lin intentaba adueñarse de sus activos. En vez de limitarse a recomprar sus propios títulos, Xinghe propuso atacar la fuente de financiación del enemigo y hacerse con la propia Bao Hua. Al principio, hasta los directivos más experimentados de la corporación consideraron imposible el plan.
En ese momento llegó ayuda del país Y. A petición de Philip, los amigos de Charlie llevaron a Xinghe un contrato que otorgaba a la corporación Xi el derecho a suministrar diamantes al país. También le entregaron un enorme diamante rosa, recuperado tras un antiguo delito cometido contra Charlie. El contrato garantizaba negocio para el futuro, y la piedra excepcional podía atraer compradores de inmediato. Xinghe ya podía pasar del plan a la acción.
Xinghe creó una división de joyería en la corporación Xi y anunció una exposición propia para el mismo día que la de Bao Hua. Para la colección principal recurrió a la familia Ouyang, cuyos artesanos llevaban muchos años trabajando lejos de la capital y rara vez mostraban sus piezas al público. Xinghe reservó el diamante rosa para el final. Lin Jing conocía la existencia del acto de la competencia, pero estaba segura de que el prestigio y los contactos de Bao Hua le asegurarían la victoria.
La exposición de la corporación Xi comenzó con la presentación de la colección Ouyang. La colección por sí sola atrajo a más invitados de los que Lin Jing esperaba. Después sacaron el diamante rosa: la piedra, digna de un museo, se convirtió en el gran acontecimiento de la velada y cambió por completo la actitud de los compradores. Las burlas de Lin Jing se volvieron contra ella. El público comprobó que la nueva división de la corporación Xi podía ofrecer algo que el líder reconocido del mercado no tenía.
Después de la exposición, Bao Hua empezó a perder clientes y la confianza de sus accionistas. No tardaron en exigir la dimisión de Lin Jing, y el dinero con el que su empresa compraba acciones de la corporación Xi se agotó. La amenaza de quiebra se disipó, los empleados dejaron de marcharse y la familia Xi conservó la empresa de Mubai. Xinghe no se limitó a repeler el ataque: privó a los Lin de una de sus principales fuentes de ingresos.
Entretanto, Xinghe terminó el corazón mecánico de Mubai. La principal dificultad era el peso del dispositivo, y el cristal energético de la caja negra permitió resolverla. Lu Qi realizó una operación de diez horas e implantó el mecanismo, que asumió parte del trabajo del corazón dañado. La intervención fue un éxito. Mubai aún no había recobrado el conocimiento, pero el peligro inmediato para su vida había pasado.
La familia Xi informó deliberadamente del éxito de la operación y presentó a Lu Qi como el médico que había salvado a Mubai. La maniobra funcionó: el presidente, gravemente enfermo, también necesitaba tratamiento para el corazón, y Lu Qi recibió una invitación para acudir a la capital. La enfermedad del presidente abría a Lin Kang el camino hacia unas elecciones anticipadas. Si el médico lograba prolongar la vida del jefe del Estado, el plan político que la familia Lin llevaba años preparando fracasaría.
El corazón de Mubai había quedado dañado por una explosión; el del presidente lo destruía una enfermedad. Por eso no podían limitarse a copiar el dispositivo ya terminado: Lu Qi tuvo que modificar el planteamiento médico y Xinghe, calcular de nuevo el mecanismo. La invitaron a la residencia presidencial para que trabajaran juntos. Antes de marcharse, Xinghe aún debía despedirse de su hijo y ver una vez más a Mubai.
Xinghe llevó a Lin a ver a Mubai. El niño preguntó si su madre volvería y si después se quedaría con ellos. Xinghe prometió que no volvería a abandonar ni a su hijo ni a Mubai. No advirtió que, tras esas palabras, el meñique de Mubai se estremeció levemente mientras él seguía inconsciente. Era el primer movimiento en muchas semanas, pero los médicos aún no sabían si anunciaba un despertar próximo.
Al día siguiente, Xinghe voló a la capital. De su trabajo ya no dependía solo la vida del presidente, sino también quién se haría con el poder en el país. La familia Lin se preparaba para unas elecciones anticipadas y daba por segura la muerte del presidente. Si el corazón mecánico funcionaba, Xinghe desbarataría su plan político. Eso significaba que no podrían ocultar durante mucho tiempo la participación de Xinghe.
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