Mientras el patriarca Xi se disponía a pedir ayuda al presidente, llamaron del hospital: Mubai había recobrado el conocimiento. Sus familiares acudieron de inmediato. Lo primero que hizo Mubai fue preguntar por Xinghe, y ocultarle la verdad ya no tenía sentido. Al enterarse de que había desaparecido en la ciudad A, se quitó los sensores y exigió que preparasen un avión privado.
Los médicos le advirtieron de que el vuelo era peligroso para un corazón todavía débil. Su familia le rogó que esperase al menos unos días.
«Si le pasa algo a Xinghe», dijo Mubai, «no habrá servido de nada salvarme».
La discusión terminó ahí. Voló a la ciudad A cuando apenas podía mantenerse en pie sin ayuda.
En la residencia presidencial, Mubai exigió que llevaran ante él al guardaespaldas que había conducido a Xinghe al aeropuerto. La historia de que había subido por casualidad a otro coche no encajaba con la breve señal de geolocalización. Cuando el hombre insistió en mentir, Mubai le arrebató la pistola a uno de los guardias y apoyó el cañón contra la cabeza del sospechoso. Ni siquiera las armas que lo apuntaban consiguieron que retrocediera. Después de un disparo de advertencia, el guardaespaldas confesó.
El guardaespaldas dio el nombre de Tong Yan. Ella le había ordenado que entregara a Xinghe a sus hombres y después lo había obligado a prestar falso testimonio. La primera dama acudió en persona a la casa de los Tong y exigió explicaciones. Al principio, Tong Yan lo negó todo; después declaró que solo quería darle una lección a su rival. Para Mubai únicamente importaba una cosa: dónde estaba Xinghe. Presionada por la familia, la joven acabó dando la dirección.
Habían emparedado a Xinghe en el sótano de una villa abandonada. Sin agua ni salida, moriría allí y el muro recién levantado ocultaría su cuerpo.
Los hombres de la primera dama derribaron el muro. Mubai fue el primero en bajar. Xinghe estaba sentada en el suelo, exhausta, pero viva.
«Has tardado», dijo ella.
«El avión se retrasó».
Ambos esbozaron una sonrisa demasiado débil para que aquello pudiera parecer una broma.
Xinghe comprendió de inmediato que Tong Yan no había actuado sola: Lin Qian y Lin Xuan habían alimentado su odio contra ella. Llevar a la joven a juicio de inmediato desviaría la atención de la familia Lin y, al mismo tiempo, complicaría la situación de Mubai después de irrumpir armado en la residencia presidencial. Por eso, Xinghe propuso no exigir todavía el castigo de Tong Yan y utilizar el secuestro como prueba de que los Lin manipulaban a la sobrina de la primera dama.
Más tarde, representantes de las familias Tong y Shen acudieron a pedir perdón. Confiaban en presentar lo ocurrido como el capricho de una joven consentida y resolverlo con unas disculpas. Pero Tong Yan ni siquiera entonces admitió que hubiera intentado matarla: lloró, insultó a Xinghe y apeló a la posición de su familia. El patriarca Xi respondió sin rodeos: el ataque contra Xinghe afectaba a toda la familia Xi, así que unas reverencias no bastaban.
Xinghe exigió a Tong Yan que revelara el verdadero motivo del ataque. La joven confesó que quería vengar a la familia Lin: la muerte de Lin Yun, la ruina de Bao Hua y la humillación de Lin Qian. Así pretendía demostrar su lealtad a los Lin. Los mayores entendieron algo distinto: durante años, los Lin habían puesto a la joven enamorada en contra de sus rivales y ahora la habían utilizado para matar a Xinghe sin mancharse las manos.
Tong Yan quedó bajo arresto domiciliario y le prohibieron reunirse con los Lin. Las familias Shen y Tong comunicaron al presidente todo lo que habían averiguado y, junto con la familia Xi, empezaron a presionar a sus antiguos aliados. Lin Qian fue apartada del equipo médico, se limitaron algunas de las competencias de Lin Kang y los negocios familiares quedaron sometidos a inspecciones. Por primera vez, los Lin no perdían a un simple ejecutor, sino su protección política.
Para recuperar su influencia, el patriarca Lin reveló un secreto a Shen Ru: la habían cambiado al nacer y en realidad era hija suya. Después, Lin Xuan escenificó su rescate fortuito cuando cayó de una embarcación. Agradecida, Shen Ru convenció a sus familiares para que dejaran de presionar a los Lin y poco después anunció el compromiso de Tong Yan con Lin Xuan. El matrimonio debía unir de nuevo a las familias, aunque los novios eran primos hermanos.
La coincidencia entre las fechas de nacimiento de Shen Ru y la cuarta hija de los Lin confirmó las sospechas de Xinghe. Consiguió muestras del banco de ADN y Lu Qi realizó el análisis: Shen Ru era, en efecto, hija del patriarca Lin. Al mismo tiempo, llevaron en secreto desde el país Y a Xie Xiaoxi, la joven a la que Lin Xuan había mantenido en una base del Sindicato IV para experimentar con ella. Xinghe contaba ahora con una prueba de laboratorio del intercambio y con una testigo viva de los delitos internacionales.
Reunieron a todos en la residencia presidencial con el pretexto de que el estado del presidente había empeorado de forma repentina. Allí, Xinghe presentó el análisis de ADN y explicó por qué la familia Lin había intercambiado a los bebés tantos años atrás. Shen Ru trató de negarlo todo, pero el miedo hizo que ella misma admitiera que la familia Lin la había obligado a colaborar. El patriarca Lin asumió la culpa del intercambio con la esperanza de salvar a los demás, pero Xinghe pidió que hicieran pasar a la segunda testigo.
Xie Xiaoxi identificó a Lin Xuan como jefe del Sindicato IV y contó que durante cinco años habían experimentado con ella en su base. Xinghe lo confirmó: había sido su equipo, junto con las autoridades del país Y, el que había desmantelado la base y sacado de allí las pruebas. Después de aquello, negar los delitos internacionales carecía de sentido. Los militares detuvieron a Lin Xuan, al patriarca y a los demás miembros implicados de la familia en la propia residencia presidencial.
Un nuevo análisis arrojó un resultado inesperado: ni Shen Ru ni Lin Shuang, a quien se consideraba la hija de los Lin intercambiada, tenían parentesco con la familia Shen. Los Lin habían entregado la verdadera hija de los Shen a unos desconocidos. Para ocultar su ausencia, habían presentado a otra huérfana como su cuarta hija. Se desconocía el paradero de la joven desaparecida, y el patriarca Lin, ya detenido, intentó intercambiar información sobre ella por la libertad de su familia.
Xinghe se reunió a solas con Xiaoxi y le preguntó por qué habían experimentado con ella. La joven le contó que su padre se dedicaba a la genética y que, cuando ella era pequeña, había modificado parte de sus genes en un intento de prolongarle la vida. Antes de desaparecer, decía que no procedía de este mundo y dejó a su hija una caja metálica negra. Al enterarse, los Lin secuestraron a Xiaoxi y pasaron años intentando reproducir el trabajo de su padre.
La historia de Xiaoxi reproducía el destino de Xinghe: su padre había desaparecido unos trece años atrás, hablaba de una catástrofe inminente y había dejado una caja negra idéntica. La madre de Xinghe desapareció por esas mismas fechas y también afirmaba no ser de este mundo. Había demasiadas coincidencias. El Proyecto Galaxy vinculaba a sus padres desaparecidos, el cristal energético y la advertencia sobre una amenaza para todo el planeta.
El patriarca Xi propuso a Xinghe y Mubai que fijaran por fin la fecha de la boda, pero Xinghe pidió que esperasen. Primero quería encontrar a su madre y averiguar qué catástrofe temían los participantes del Proyecto Galaxy. Mubai no discutió y prometió ayudarla. Entonces fue la propia Xinghe quien dijo que se casarían cuando terminara la investigación. Para Mubai, aquella promesa significaba más que cualquier fecha fijada.
Aquella misma tarde, Xiaoxi volvió a llamar a Xinghe. Su madre había recordado el nombre de la familia Helan, a la que el padre de Xiaoxi había buscado sin éxito antes de desaparecer. Según su padre, esa familia estaba estrechamente relacionada con el Proyecto Galaxy, y el proyecto tenía que ver con la supervivencia de todo el planeta. No había dejado más detalles: temía que aquel conocimiento pusiera en peligro a sus seres queridos.
Xinghe y Mubai empezaron a buscar a los Helan, pero las fuentes públicas no dieron ningún resultado. Había muchas personas con aquel apellido, aunque ninguna estaba vinculada a una familia influyente capaz de participar en un proyecto internacional secreto. Decidieron no revelar a nadie el motivo de la búsqueda. Mientras no hubiera pruebas de que los Helan guardaban relación con el Sindicato IV o con la familia Lin, aquello seguiría siendo una investigación independiente.
Tras la caída de la familia Lin, Xinghe y Mubai por fin volvieron a estar juntos. Él continuó recuperándose mientras ella empezaba a buscar información sobre los Helan. La nueva pista se convirtió en un asunto común: por primera vez investigaban el Proyecto Galaxy como compañeros, sin estar separados por la distancia ni obligados a correr para salvar a nadie.
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