Al enterarse de la caída de la familia, Helan Long se echó a reír y prometió que el mundo entero haría que los vencedores lamentaran haber ganado.
Xinghe buscó una explicación en los ordenadores del centro de control por satélite. El primer terminal le pidió una contraseña y activó una cuenta atrás de un minuto para autodestruirse. Detuvo el contador en el último segundo y después prohibió tocar las demás máquinas: cada una podía ocultar su propia trampa.
Durante el registro encontraron una nave espacial de tres plazas lista para despegar.
El compartimento de combustible de la nave resultó demasiado pequeño para un motor convencional. Solo contenía unas cavidades rectangulares que parecían soportes para cristales de energía. Eso significaba que el aparato ya se había probado y que desde la base se enviaba realmente a personas al espacio. Varios días después, los observatorios detectaron un nuevo movimiento: diez satélites de los Helan se alinearon. A continuación, una única señal se apoderó de los móviles, televisores y pantallas callejeras de todo el mundo. En ellos apareció un hombre joven que se presentó como Helan Yuan.
Helan Yuan declaró que había puesto en órbita unos quinientos satélites, cada uno provisto de una carga de enorme potencia. Si la humanidad no reconocía su autoridad, los aparatos entrarían en la atmósfera y explotarían sobre la Tierra. Para demostrarlo, destruyó uno tras otro los satélites de la línea. El último aparato atravesó la atmósfera sin consumirse por el calor. Después de aquello ya no quedaron dudas: aquel material desconocido resistía el descenso y Helan Yuan podía dirigir de verdad sus armas hacia la superficie.
Mientras los gobiernos intentaban ponerse en contacto, comenzaron los saqueos en las calles. Unos exigían una guerra inmediata; otros ya juraban lealtad a Helan Yuan con la esperanza de salvarse obedeciéndolo.
«¿Cómo vamos a luchar contra un hombre que está en órbita?», preguntó Sam.
«Por ahora, no podemos», respondió Xinghe.
No conocía la solución, pero el nombre Helan vinculaba la amenaza con el orfanato, los internos desaparecidos y el centro de control por satélite. La investigación de los crímenes de una familia acababa de convertirse en un intento por salvar el mundo.
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