Para privar a la familia Tong de su protección política, Xinghe accedió a presentarse a las elecciones presidenciales. Mubai la convenció de que mantenerse al margen era más peligroso: si Tong Liang llegaba al poder, destruiría las pruebas y eliminaría a los testigos.
Tong Liang basó su campaña en grandes promesas y en el miedo a los enemigos. Xinghe era más concisa: hablaba de lo que ya se había hecho, de lo que quedaba por corregir y de las decisiones por las que respondería personalmente.
Los votantes eligieron a Xinghe. Tong Liang confiaba en que su experiencia como funcionaria y el apoyo de su padre pesarían más que la reputación de su rival, pero se equivocó. Inmediatamente después de la votación, los investigadores presentaron pruebas de su relación con la epidemia y con agentes extranjeros. Tong Tianrong y Tong Liang fueron detenidos. La familia, que ya consideraba el palacio presidencial de su propiedad, perdió tanto el poder como la protección. Para Xinghe, la victoria no fue un premio. Asumió el cargo cuando Hua Xia esperaba un nuevo ataque y parte del mundo ya se preparaba para declararla una criminal.
El segundo día de Xinghe en el cargo, la ONU la acusó de conspirar con los habitantes de la Luna. Shi Jian compareció como testigo, obligado a confirmar una versión preparada de antemano. Según esta, Xinghe había provocado la epidemia para hacerse con el poder. Ella respondió abiertamente: señaló al país W y al país C como organizadores de la conspiración, presentó las pruebas reunidas y advirtió de que Hua Xia se defendería. Tras aquello, sus adversarios pasaron de la presión política a la amenaza militar directa.
Barcos y aviones de varios países se dirigieron hacia las fronteras de Hua Xia. Sin embargo, los datos de Shi Jian ya habían permitido modernizar los sistemas defensivos. Los nuevos equipos tomaban el control de los aparatos enemigos y neutralizaban sus armas antes del ataque. Xinghe ordenó responder únicamente a las agresiones y no ampliar el conflicto. Cuando la flota del país W se topó con las nuevas defensas y comprobó que no podía acercarse sin sufrir bajas, sus mandos retiraron las fuerzas. Los adversarios esperaban doblegar rápidamente a la nueva presidenta, pero, en cambio, mostraron al mundo entero cuánto había avanzado la tecnología de Hua Xia.
Mientras el ataque abierto fracasaba, Helan Yuan entregó sus últimos secretos a un desconocido. Creía estar cerrando un trato con el futuro gobernante del mundo: conocimientos y tecnología a cambio de la muerte de Xia Wa, Xinghe y sus demás enemigos. Pero su nuevo aliado no quería poder. Su objetivo era exterminar por completo a la humanidad, y los avances de Helan Yuan solo le proporcionaban los medios para lograrlo. Antes de ser ejecutado, el anciano pidió ver a Xia Wa por última vez. El consejo internacional accedió con la esperanza de obtener de él más tecnología.
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