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BOLSILLOS VACÍOS

Capítulo 8. Las tapas

Antón vino a por los zapatos el miércoles siguiente, clavado a la hora de abrir, y lo primero que hizo fue sacar el dinero, no saludar.

«¿Están?»

«Están. Ígor ha repegado además los contrafuertes, eso no se cobra».

Pasó el pulgar por el borde de la tapa, rápido y seguro, como si no fuera la primera vez que comprobaba algo así, asintió y se puso a meter los zapatos en la bolsa. La vez anterior había estado veinte minutos junto al mostrador sin ninguna prisa.

«¿Qué tal el domingo?», pregunté.

«Los domingos ahora hay pases». Ató la bolsa con un nudo. «Mi mujer invita a ocho personas cada vez, comen y rellenan unas fichas. De uno a cinco. Es útil, por cierto, se ve enseguida lo que no funciona».

Le pregunté qué había cocinado la última vez.

Contestó enseguida, sin pensarlo: cuatro platos, el orden en que se sirven, el coste por ración, y todo eso cupo en una frase lisa que estaba claro que no repetía por primera vez. De la gelatina de carne que se pone la víspera del sábado no dijo nada.

Ni una sola vez se lio ni una sola vez se rio.

«Estamos viendo un local en la Gogólevskaya», dijo desde la puerta. «Caro, pero de mucho paso».

«¿Y da para el alquiler?»

«Ponemos lo de la suegra y da». Se lo pensó. «Para año y medio seguro que da».

«¿Y si no funciona?»

«Funcionará». Lo dijo rápido, como se contesta a una pregunta que ya han hecho en casa. «Hemos hecho números. Treinta cubiertos al día, el gasto medio lo sabemos, el alquiler lo conocemos. Sale todo, si no nos metemos en pérdidas el primer año».

Pregunté quién había hecho los números.

«Los hizo mi mujer. Ella entiende de esto, trabaja en un banco».

Se quedó un poco más, cerrando la bolsa, y añadió que cocinaría él y que su mujer se ocuparía de la sala y de los papeles, y que eso era lo correcto, porque cada uno tiene que hacer lo suyo.

«¿Y los domingos?»

«¿Qué pasa con los domingos?» Antón no entendió.

«Usted decía que el domingo era el único día en que nadie lo evalúa».

Me miró y se echó a reír, pero no como la vez anterior.

«Si es que eso es lo que se ha convertido en el negocio. Para qué voy a guardarlo ahora».

Pensé que a ese hombre le iba bien, y que eso estaba bien, y que tendría que preguntarle después qué tal la apertura. Creo que hasta me quedé contenta.

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