Ottisknovelas originales
BOLSILLOS VACÍOS

Capítulo 23. No

Por Safónov, Ígor preguntó el martes, justo una semana después, y preguntó de un modo tan de pasada que al principio no entendí de qué hablaba.

Estábamos revisando la partida del hotel. Los zapatos habían vuelto para ajustarlos, porque en el hotel había cambiado el encargado y le pareció que el empeine quedaba alto, e Ígor llevaba tres días irritado con eso, porque el empeine estaba bien y el encargado era nuevo.

«Oye», dijo sin levantar la vista de la horma. «¿Ha vuelto aquel viejo?»

«¿Cuál?»

«El que preguntaba por el padre. En otoño».

Yo estaba en ese momento contando pares y no perdí la cuenta. Eso lo recuerdo con exactitud, porque luego me examiné muchas veces en ese punto: no perdí la cuenta, no me detuve, nada me tembló. Simplemente conté hasta el final y apunté la cifra en el cuaderno.

«Ha venido», dije.

Ígor levantó la cabeza.

«¿Y qué?»

«Nada. Tú estabas con las fundas, no te llamé. Estuvo sentado, tomó té. Habló de la escuela».

Era verdad. Todo aquello era la pura verdad, y ni siquiera sentí que estuviera diciendo algo falso, porque no lo estaba diciendo.

«¿Y qué quería?»

«Nada concreto. Está jubilado, anda por ahí, recuerda».

Ígor soltó un gruñido y volvió a la horma.

Yo estaba de pie pensando que ya está, que la conversación se ha acabado, y que se ha acabado sola, sin intervención mía. Y en ese segundo preguntó otra vez, con la misma voz con que había preguntado por el empeine.

«¿Y no dejó nada?»

Entre esa pregunta y mi respuesta no hubo nada. Ni pausa, ni pensamiento, ni elección. Después busqué en la memoria ese intervalo y no lo encontré: allí está vacío, como en una película a la que se le ha caído un fotograma.

«No», dije.

Ígor asintió y se puso a rebajar el empeine.

Salí a la parte de delante, me puse detrás del mostrador, abrí la caja y miré la bandeja. La bandeja estaba recta. Debajo había un papel doblado en cuatro, y no había ni un solo motivo por el que Ígor fuera a meter ahí la mano, porque la caja la llevo yo y él no ha contado la recaudación ni una sola vez en doce años.

Luego vino una mujer con unas botitas de niño y cogí las botitas.

Abrir en el lector