El verano salió bueno, y no lo digo por cumplir.
Slava para junio ya trabajaba solo, sin que hubiera que rehacer nada, e Ígor empezó a coger encargos que antes rechazaba: dos partidas del balneario de Kliuchí, y luego una casa de acogida pidió que revisáramos el calzado para septiembre y pagó por adelantado. Pusimos una segunda máquina, de segunda mano, y quedó junto a la ventana, y el taller se quedó estrecho, pero de la buena manera.
En julio cogimos una semana de vacaciones. En invierno habíamos ido tres días al mar, y aquello no fueron vacaciones, sino una escapada, y esta vez fue de verdad, con los billetes cogidos con antelación. Fuimos a casa de mi prima, a Lípetsk; allí hace calor y uno se aburre, y al tercer día Ígor se puso a arreglarle la cancela a mi prima, y se la estuvo arreglando dos días, y se marchó contento.
En agosto entró un hombre y preguntó si cogíamos bolsos, y le dije que no, y se fue. Era el cuarto de aquella semana. Ígor a eso dice que hay que poner un cartel, y yo digo que los carteles no los lee nadie, y llevamos unos tres años con esa conversación.
La caja la abro todas las mañanas.
Tengo una sola llave, la llevo en el bolsillo de la bata con otras dos, y por la mañana me quito la gabardina, cuelgo la bata, enciendo la luz de delante y abro la caja. Saco la bandeja, reparto la calderilla por los huecos, vuelvo a poner la bandeja.
Debajo de la bandeja hay un papel doblado en cuatro, y encima una bobina plana de madera.
La primera semana pensé que no podría. Luego resultó que puedo, y que lleva cuatro segundos, y que en cuatro segundos una persona no llega a pensar en nada si no quiere.
Para agosto había dejado de verlos.
No es una manera de hablar. Abría la caja, sacaba la bandeja, repartía la calderilla y no veía ni el papel ni la bobina, exactamente igual que no veo el segundo cajón de la mesa, donde están los resguardos viejos del año pasado.
Una vez, a finales de agosto, saqué la bobina y la sostuve. El hilo era el mismo, enrollado entero, el cabo remetido. En todo ese tiempo no le había pasado nada.
La dejé otra vez en su sitio y fui a abrir.
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