Ottisknovelas originales
BOLSILLOS VACÍOS

Capítulo 33. Noviembre

Estuve dando largas todo octubre, y no voy a mentir sobre eso.

Primero estaba la explicación de la temporada: la avalancha de otoño, veinte pares por semana, Slava solo no puede, Ígor tiene la espalda. Luego la explicación de que había que esperar a entregar lo de la casa de acogida. Luego se acabaron las explicaciones, y yo seguía dando largas igual.

En noviembre fue el cumpleaños de la madre de Ígor, y fuimos, y se puso el chal que le habíamos regalado el año anterior, y dijo que no hacía falta nada. En la mesa se acordó de las fotografías y volvió a traer la caja, y yo misma, con mis propias manos, encontré en ella aquella foto: Iliá Nikoláievich junto al banco de trabajo, de espaldas, en un taller ajeno, más grande que el nuestro.

«¿Y esto dónde es?», preguntó Ígor, como la vez anterior.

«Pues en algún sitio de su trabajo. Allí estuvo poco tiempo».

La madre lo dijo con las mismas palabras, y comprendí que también la vez anterior las había dicho sin pensar, y que de verdad no lo sabe.

Yo tenía la foto en la mano y contaba.

La conformidad está firmada. Cuatro días después recibió la herramienta. En la fotografía ya está junto al banco. O sea que no se limitó a firmar en la puerta: llegó a entrar en aquella vida al menos hasta ahí. Y después se marchó.

Nadie en aquella habitación, salvo yo, había contado nada de eso.

De vuelta Ígor conducía y contaba que Velichko había vuelto a pasarse en septiembre y lo había invitado a ver los talleres cuando terminen de mudarse, y que allí habrá una sección propia de piel, y que él, Velichko, le había preguntado si no quería probar.

«¿Y tú?»

«Y yo le dije que me lo pensaría». Ígor miraba la carretera. «Ni me lo he pensado, si te digo la verdad. Adónde voy a ir yo de aquí».

Dijo «adónde voy a ir yo de aquí» y puso el intermitente.

En casa me senté en la cocina y estuve allí hasta las tres, y por la mañana fui a abrir el taller, como siempre.

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