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BOLSILLOS VACÍOS

Capítulo 36. Qué querías tú

Lo preguntó un domingo, por la noche, cuando ya habíamos apagado en la cocina y yo estaba fregando la última taza.

«Oye. ¿Y tú qué querías, en realidad?»

Al principio no entendí de qué hablaba y se lo pregunté otra vez.

«Pues todo esto». Ígor estaba sentado a la mesa dando vueltas a una tapa de bote que yo pensaba tirar. «Por algo lo hiciste. ¿Qué querías?»

«Que el taller siguiera en pie», dije. «Que no tuvieras que desmontarlo todo otra vez. Después de lo del padre estuviste medio año mal, yo me acuerdo, y tú, me parece, no te acuerdas».

Asintió.

«Y el motor», dije. «Veintidós pares. El alquiler. En diciembre dormiste bien por primera vez en cuatro años, lo he contado».

«Ajá».

«Y no preguntabas. Yo no te impedía preguntar, simplemente no preguntabas».

«Ajá», dijo Ígor. «No hablo del taller».

Terminé de fregar la taza y la puse en el escurridor, y quedó torcida, y la cambié de sitio.

«¿Y de qué?»

«De ti».

Fuera, en el patio, alguien arrancaba un coche, largo rato, al tercer intento.

«No lo sé», dije.

Esperó. Él sabe esperar más de lo que yo sé callarme, y normalmente en ese punto empiezo a hablar, pero aquella vez no empecé.

«Bueno», dijo Ígor por fin, dejó la tapa en la mesa y se fue a dormir.

Fregué todo lo que quedaba, limpié la mesa, saqué la basura y me acosté a las doce y media.

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