Ottisknovelas originales
REX WANG Y STYX

Capítulo 52. La firma de Rem

Nos instalamos en un taller donde el agua había llegado hasta la mitad de las paredes.

Rem dejó el sello sobre una mesa mojada. A su lado, Taya secaba un plano de los canales sobre un brasero. Lily nos escuchaba a través de un cristal de comunicación, pero la imagen se deshacía continuamente. En la Academia no quedaba energía ni siquiera para las lámparas del ala médica.

«En el Gremio dijiste que solo eras tasador», señalé.

«Era más cómodo».

«¿Para quién?»

Rem recorrió con el pulgar el borde del sello.

«Para mí».

Tras la cacería del lagarto titánico, él había sido el primero en examinar el núcleo. En el registro inicial figuraban mi nombre, la hora del combate y el rastro de energía de Styx. Kane le había ordenado sustituir al propietario del botín por Leon y tramitarme un pago por participar.

«Reescribí el acta», dijo Rem. «Y después vi la jaula para la reina que habían fabricado el día antes de vuestro regreso».

Leon alzó la mirada.

«¿Sabías que mi padre se llevaría a la bestia?»

«Sabía que se preparaba para incautarse de una propiedad desconocida. No me atreví a preguntar si estaba viva».

Rem no mencionó a una familia a la que Kane pudiera castigar, ni alegó que tuviera miedo ni esperó que llamáramos valiente a su confesión. Se limitó a enumerar los documentos que llevaban su firma.

Había más de trescientas actas como aquellas.

A la gente le quitaban huevos y crías para saldar deudas. A las bestias capaces de resistirse al sello las declaraban peligrosas y las ocultaban en el archivo inferior. Algunas se utilizaban para probar la Corona. A las demás las mantenían en hibernación hasta su reventa.

«¿Por qué no las destruyeron antes?», preguntó Lily.

«Una bestia viva conserva el rastro del contrato anterior y, para la familia Li, eso demuestra sus derechos. Muerta solo representa una pérdida».

Kane estaba perdiendo su derecho sobre la ciudad, y sus bienes se convertían en testigos. Por eso ya habían encendido el fuego blanco bajo la torre.

Faltaba menos de una hora para que concluyera la purga.

Rem trazó una ruta desde la antigua estación de mercancías hasta el archivo del Gremio, que tenía cuatro accesos. La guardia controlaba el principal. La puerta de la familia se abría para el heredero de los Li. La esclusa de servicio aceptaba el sello del tasador. El cuarto pasadizo conducía a los hornos y no aparecía en los mapas nuevos.

«Kane sabe que conoces esas puertas», dijo Cole.

«Sabe que no me atreveré a utilizarlas».

Leon se rio por lo bajo.

«Hoy fallan los cálculos de mi padre».

Esta vez, Styx no era el centro del plan: solo podía enviar a dos exploradores por la ventilación. Lenny recordaba los túneles de la Academia, Taya sabía dónde se cruzaba el viejo aliviadero con la línea de mercancías y los trabajadores trajeron herramientas. Cole indicó los turnos de la guardia, Leon nos advirtió sobre las trampas familiares y Rem se encargaría de los sellos.

Lily quería venir con nosotros.

«¿Quién recibirá la transmisión del archivo?», preguntó Rem.

«El éter de la Academia está casi muerto».

«Pero aún respira», dije. «Si Kane nos borra ahí dentro, solo quedará su versión».

Lily apretó los labios.

«Otra vez me dejas al otro lado de la puerta».

«Te dejo lo que ninguno de nosotros sabe hacer».

«Suena muy bonito».

«Y aun así te enfada».

«Sí».

Guardó silencio y después proyectó en el cristal el esquema de transmisión. No me perdonó la decisión, pero tampoco se interpuso.

Rem me tendió su sello.

«Cógelo. Si me acobardo, abrirás tú mismo la esclusa».

«Está vinculado a tu mano».

«Lo sé».

Volvió a guardarse el sello.

En la estación de mercancías nos esperaban unos hombres uniformados.

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